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El Evangelio de hoy forma parte del discurso misionero de Jesús en san Mateo.
La semana pasada contemplábamos cómo Jesús miró a las multitudes con compasión. Vimos cómo llamó a los Doce y los envió a anunciar el Reino. Pero hoy descubrimos algo muy importante: después del llamado y después del envío aparece inevitablemente una nueva realidad.
El miedo.
Por eso resulta llamativo que, en tan pocos versículos, Jesús repita tres veces la misma exhortación: “No tengan miedo.”
Jesús conoce el corazón humano.
Sabe que cuando comenzamos a tomarnos en serio el Evangelio aparecen también las resistencias, las dudas y las inseguridades.
A veces tenemos miedo de ser rechazados.
Miedo de fracasar.
Miedo de no estar a la altura de la misión.
Miedo de que nuestros esfuerzos no den fruto.
Jeremías conoció bien ese miedo. En la primera lectura escuchamos una de las páginas más humanas y conmovedoras de toda la Escritura. El profeta escucha los murmullos de quienes desean verlo caer. Incluso sus amigos vigilan sus pasos esperando que tropiece.
Y, sin embargo, en medio de esa oscuridad, Jeremías hace una profesión de fe extraordinaria: “El Señor está a mi lado como guerrero poderoso.”
La fe no consiste en no experimentar miedo.
La fe consiste en descubrir que Dios permanece con nosotros incluso cuando el miedo está presente.
Por eso Jesús no promete una vida sin dificultades. Lo que promete es algo mucho más grande: su presencia.
By Padre Luis M Flores AlvaEl Evangelio de hoy forma parte del discurso misionero de Jesús en san Mateo.
La semana pasada contemplábamos cómo Jesús miró a las multitudes con compasión. Vimos cómo llamó a los Doce y los envió a anunciar el Reino. Pero hoy descubrimos algo muy importante: después del llamado y después del envío aparece inevitablemente una nueva realidad.
El miedo.
Por eso resulta llamativo que, en tan pocos versículos, Jesús repita tres veces la misma exhortación: “No tengan miedo.”
Jesús conoce el corazón humano.
Sabe que cuando comenzamos a tomarnos en serio el Evangelio aparecen también las resistencias, las dudas y las inseguridades.
A veces tenemos miedo de ser rechazados.
Miedo de fracasar.
Miedo de no estar a la altura de la misión.
Miedo de que nuestros esfuerzos no den fruto.
Jeremías conoció bien ese miedo. En la primera lectura escuchamos una de las páginas más humanas y conmovedoras de toda la Escritura. El profeta escucha los murmullos de quienes desean verlo caer. Incluso sus amigos vigilan sus pasos esperando que tropiece.
Y, sin embargo, en medio de esa oscuridad, Jeremías hace una profesión de fe extraordinaria: “El Señor está a mi lado como guerrero poderoso.”
La fe no consiste en no experimentar miedo.
La fe consiste en descubrir que Dios permanece con nosotros incluso cuando el miedo está presente.
Por eso Jesús no promete una vida sin dificultades. Lo que promete es algo mucho más grande: su presencia.