Norma Andrade abandonó su trabajo como maestra para perseguir a los asesinos de su hija Lilia Alejandra García, de 17 años, madre de dos hijos y trabajadora de la maquila en Ciudad Juárez, emblema de los feminicidios en México. En esa búsqueda ella y sus nietos sufrieron dos atentados y escaparon a Ciudad de México. Desde el exilio, Norma sigue reclamando Justicia. Logró que el caso de su hija fuera aceptado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos y creó una organización junto a otras madres de víctimas de feminicidios.