Con la llegada de la nueva administración mexicana y la amenaza de adelgazar el gasto público, uno de los tantos programas que se vieron afectados fue el que apoyaba a los clubes migrantes, los cuales comenzaron a popularizarse entre finales de los años 90 y principio de los 2000, con la finalidad de aportar ideas para mejorar sus comunidades de procedencia y ser activos en las decisiones del país.