Hay momentos en que Dios no solo confronta el poder, también confronta la necedad del corazón humano. Éxodo 9–10 acelera la tensión: las plagas se intensifican, las advertencias son más claras, y aun así faraón sigue encontrando cómo resistir—unas veces con orgullo, otras con medias concesiones, otras con promesas que se rompen en cuanto llega el alivio. Hoy, si estás viendo dureza alrededor de ti o detectándola dentro de ti, estos capítulos te recuerdan que Dios no juega con el sufrimiento: Él advierte, llama, y abre camino para que el corazón se rinda antes de quebrarse.