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Este episodio empieza con una fecha.
20 de mayo
La tenía clavada en la cabeza como si fuera una alarma. Era el último día de mis prácticas, y cada vez que la pensaba se me encogía un poco el pecho. Esa sensación de saber que algo se acaba y no tener ni idea de qué viene después.
Durante días, me obsesioné con esa fecha. Con la posibilidad de no estar a la altura, de no quedarme, de ser una más que pasa sin dejar huella. Me contagié de esa idea absurda (pero por desgracia muy común) de que si tienes 23 años y no llevas una década de experiencia a la espalda, entonces no eres suficiente.
Spoiler: al final, me quedé. Me contrataron. Y no solo eso, sino que alguien, en algún despacho, dijo: «La queremos aquí, fija». Aún me suena raro.
Este episodio va de eso: de esperar a que alguien te elija, de hacer las paces con la incertidumbre y seguir adelante igual, aunque no tengas ni idea de cómo va a acabar la historia. Va de ser joven y profesional y estar cansada de que esas dos palabras parezcan incompatibles.
Lo grabo desde Madrid, justo antes de perderme entre las casetas de la feria del libro y después de enterarme de que ya no tengo esa molesta «fecha de caducidad» clavada en el entrecejo.
Mejor te dejo que lo escuches.
Si te gusta lo que escribo, te lo dejo fácil:
No sabía nada de newsletters hace unos meses. No tenía Substack, ni idea de si alguien iba a leerme, ni la intención de acabar grabando un podcast.
Pero aquí estamos.
Este es el primer episodio del podcast de Nota mental, un espacio para hablar en voz alta, como quien manda un audio largo de camino al trabajo.
Hoy solo vengo a contaros cómo empezó todo, a celebrar que somos más de 400, y a deciros gracias.
Si te ha gustado y quieres más contenido como este, te lo dejo fácil:
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