Beatriz Sarlo sabía mucho de escándalos mediáticos. Pensó y escribió sobre ellos con mirada sociológica. También los protagonizó. Su “Conmigo no, Barone” es antológico. Ahora, post mortem, es un personaje involuntario de un culebrón sucesorio desatado por un texto mínimo y rudimentario que, paradójicamente, quizás será uno de los más recordados de una de nuestras mayores intelectuales.