Mientras Argentina vencía 2-0 a Austria, LA GACETA recorrió Piruaj Bajo, una comunidad de unas 500 personas en el norte santiagueño donde el tendido eléctrico todavía no llegó. Entre paneles solares, baterías prestadas, señales que se congelan y tres clubes de fútbol en medio del monte, el Mundial se vive de otra manera: en silencio, sin gritos ni bocinazos, pero con la misma pasión.