Cerca de la montaña del Sorte, en Yaracuy, de una inesperada manera surgieron las más fuertes protestas sociales, por ahora, en Venezuela de este 2020, año marcado por la pandemia del coronavirus.
Quizás como en estos 195 días de COVID-19 hemos vivido tantos eventos en Venezuela, a los venezolanos se nos olvida que el 10 de marzo Juan Guaidó intentó iniciar una agenda de protestas con la que planeaba calentar la calle y con ello presionar al gobierno de Nicolás Maduro. Pero llegó el coronavirus y sus planes quedaron congelados por el distanciamiento social obligatorio.
De allí que la pandemia se convirtió en la mejor aliada del régimen, que sabía que se acercaba una grave crisis debido a la escasez de gasolina. Con la estricta cuarentena, el oficialismo mitigó la demanda de combustible y preparó el zarpazo a los bolsillos de los venezolanos con el aumento del precio de la gasolina en bolívares y dolarizados. Tales medidas las aplicaron Maduro y su equipo sin consecuencias, sin protestas en las calles porque los ciudadanos estaban más preocupados por abastecerse cómo sea, que por lo que iban a pagar.