Hugo Chávez, desde 1999 a 2012, enfrentó situaciones que pueden ser denominadas como traiciones políticas e incluso de amistad. Luis Miquilena, su mentor político, luego de cumplir prisión en Yare por el golpe de 1992, lo abandonó al inicio de su gestión. En abril de 2002 ocurrió la megatraición de los altos oficiales, quienes por horas lo sacaron del poder. El salto de talanquera en 2007 de su jefe de campaña, Ismael García, y ese mismo año, el cambio de rumbo de su gran amigo, el general Raúl Isaías Baduel, quien si bien fue el principal responsable de su retorno al poder en 2002, dio el puntapié final para que Chávez tuviera su única derrota electoral. La venganza por esa “victoria de mierda” de la oposición, como la llamó entonces el mandatario, aún la sufre el excomandante del Ejército.
Mientras Nicolás Maduro, aunque no ha pasado por un momento tan estresante como ese golpe de Estado frustrado que padeció el expresidente fallecido, vive bajo la sospecha de la traición desde su segundo mes como presidente electo en 2013. Tras siete años en el poder, ahora más autoritario, con un sistema de inteligencia que vigila a los amigos y enemigos seleccionados, la captura de Alex Saab en Cabo Verde, con la posible consecuencia de la extradición a EE. UU., enciende las alarmas de que alrededor de Miraflores ronda alguien que dio a las autoridades estadounidenses la información del viaje del presunto testaferro barranquillero, lo cual significa que existe alguien o varios miembros del entorno conversando con los gringos.