Muchos jóvenes se van a estudiar lejos de casa. ¿Quién necesita más adaptación, quien se marcha o quienes se quedan? Muchas veces, los que se quedan. El que se va tiene ciudad nueva, compañeros, clases, planes, una habitación que montar. Está entretenido averiguando dónde se compra el papel higiénico. Los padres se quedan mirando una habitación vacía y pensando qué hacer ahora con su vida. Educamos a los hijos para que sean autónomos, pero cuando lo conseguimos, nos entra una pena enorme. Queremos que vuelen, pero que vuelen bajito y con ubicación en tiempo real. Un adolescente necesita tiempo y permiso para hacerlo regular. No puede tener amigos íntimos, controlar la ciudad y llevar todo al día en cuatro días. Necesita equivocarse, sentirse perdido, echar de menos su casa y descubrir que puede resolver cosas sin sus padres. Acompañar no es resolver. El síndrome del nido vacío puede aparecer aunque el hijo solo se marche temporalmente. No depende de que se haya ido lejos, sino de que cambia la vida cotidiana. De repente no está su mochila tirada, no preguntas si va a cenar, no discutes porque lleva cuarenta minutos en el baño. Incluso empiezas a echar de menos cosas que antes te ponían de los nervios. La adolescencia es contradictoria: pueden sacarte de quicio y al mismo tiempo no soportas la idea de que algún día no estén en casa. Sobre hablar por WhatsApp o videollamadas todos los días, hay una regla sencilla: estar disponible no significa estar encima. Se puede escribir y llamar, pero no montar un centro de control aéreo. Si cada vez que sale del metro tiene seis mensajes, no se ha independizado, ha trasladado a sus padres dentro del móvil. La clave es que sepa que si necesita, están. El libro Querido hijo, me caes fatal se recomienda también a los adolescentes. El título parece una declaración de guerra, pero habla de cómo sobrevivir juntos a una etapa en la que hay días en que padres e hijos no se soportan, sin perder el vínculo. A un adolescente le viene bien descubrir que sus padres son personas, que se equivocan, tienen miedo, improvisan y que detrás de una bronca torpe hay preocupación. Cuando se marchan fuera, perdemos muchísimo control. Va a conocer amigos que no conocemos, saldrá más, tomará decisiones sin consultar. Ahí empieza el examen de lo educado antes. Educar no es conseguir que tome buenas decisiones cuando estás delante, sino que tenga herramientas para tomarlas cuando estás a mil kilómetros. Los amigos serán fundamentales, la fiesta aparecerá y la familia debe cambiar de papel: menos policía y más puerto seguro. Los Reyes pueden sentir que la casa se ha quedado silenciosa. No hay que intentar eliminar la tristeza, echar de menos no es una enfermedad. Pero los hijos no pueden ser el único proyecto vital. Recuperar pareja, amigos, aficiones, viajes, planes, incluso disfrutar de un sábado sin preguntas sobre la cena. Es sano para los hijos ver que sus padres tienen vida propia. Marcharse pesa menos cuando sabes que no has dejado a dos personas sentadas en el sofá esperando tu videollamada. Sobre establecer rutinas de llamadas, depende de cada familia. No es partidario de convertir el cariño en obligación administrativa. Al principio puede venir bien acordar cierto contacto, pero después hay que flexibilizar. No interpretar un ahora no puedo como ya no me quiere. Existe la culpa en padres e hijos. Hay que entender que echarse de menos y estar bien pueden ocurrir al mismo tiempo. Un hijo puede disfrutar en París y echar de menos su casa. Unos padres pueden echar de menos a su hijo y descubrir que cenar tranquilos tiene su punto. No hay traición. Uno de los mejores regalos es darle permiso para disfrutar sin tener que cuidarnos emocionalmente desde lejos. Errores comunes: interrogar demasiado, anticipar catástrofes, resolver antes de que pidan ayuda y usar frases que generan culpa, como desde que te has ido esta casa no es lo mismo, tu madre está fatal, ya nunca llamas. Todo nace del amor, pero puede generar culpa. Tres consejos para padres que se despiden en la residencia: primero, confiad en lo que habéis educado. Si lleváis dieciocho años preparando a vuestro hijo para el mundo, dejadle probar el mundo. Segundo, no confundáis estar disponibles con estar permanentemente presentes. Tercero, buscad una vida. Amigos, pareja, deporte, viajes, lo que sea. Vuestro hijo no puede marcharse llevando en la maleta la responsabilidad de que vosotros seáis felices. Tres consejos al estudiante que duerme por primera vez lejos de casa: primero, tener miedo no significa que te hayas equivocado, significa que estás haciendo algo nuevo. Segundo, no necesitas encontrar a tus mejores amigos ni controlar la ciudad antes del viernes, date tiempo. Tercero, llama a casa cuando lo necesites. Independizarse no significa dejar de necesitar a tus padres, significa decidir cuándo los necesitas y para qué. Tu familia siempre estará ahí, solo que un poquito más lejos. Fuente de la noticia original y creditos de la foto: https://www.diezminutos.es/familia-real/monarquia-espanola/a73819296/pilar-cebrian-psicologa-infanta-sofia-hijos-estudios-lejos-casa-padres/ #infanta #sofía #comenzado #nueva #etapa #universitaria #parís, #lejos #familia #política #noticias #gobierno #políticahoy #vox #pp #políticaespañola #pedrosánchez #abascal #santiagoabascal #alviseperez #noticiaspolíticas #psoe #corrupción #pedrosanchez