Paradojas de la vida, quería el PP que Castilla y León sirviera como revulsivo
electoral y se puede convertir en el martirio de Casado. Asustado por su propia debilidad al frente del partido, se ha convertido en una
especia de caricatura de si mismo. Es capaz de defender a la remolacha, de
acusar, sin pruebas, a Zapatero de ser comisionista de Maduro, mantener el bulo
del fraude en la votación de la reforma laboral, y mezclar el pésame por el asesinato de una mujer con un ataque frontal a la izquierda.