"Hmmm. Por lo menos tienen trabajo", le comento al salir a mi compañero y, a continuación, ambos guardamos un culposo silencio porque, bulevar arriba, un muchacho atraviesa la noche en una vieja bici, sin luces y cargando una mochila de repartidor. Incontables tormentas y cosechas después, os lo digo: por la reforma laboral, aunque sea esta.