Desde que supe que iba a estar por aquí, he pasado muchas horas tumbada, con un libro en el abdomen y una mano en el pecho, controlando mi respiración e intentando aumentar el resuello. No lo he conseguido, pero sí he logrado algo muy necesario: una mirada plácida. Mi actitud será la de una vaca tranquila: piernas cruzadas, encogimiento de hombros y distanciamiento muy crítico.