Nos enseñaron que la buena política, junto a la buena prensa, era la combinación exacta para una buena democracia. Pero uno tiene la sensación que, en estos momentos difíciles, el matrimonio hace aguas pues los políticos se mueven erráticos tratando de servir a la contra los dioses de la economía o del populismo, y algunos medios lejos de informar se suman al lío sin que apenas podamos distinguir entre quién hace política y quién nos informa.