Pablo Casado quiso cerrar la crisis del Partido Popular y, ayer, un nutrido
puñado de seguidores del partido le dijeron en la calle que si quiere cerrar la
crisis que se vaya. Un líder en horas bajas y una presidenta autonómica con una seria sospecha de
corrupción sobre su cabeza enfrentados en una guerra sin cuartel que ha
activado, además, y de manera peligrosa, a la calle. Si se asomó al balcón de Génova, debió ver que no lo va a tener tan fácil.
Por eso es indispensable que se activen los mecanismos necesarios para que el
cierre de esta crisis sea en el marco institucional del partido