NUESTRA HISTORIA. No éramos la típica historia de amor.
Sin embargo siempre estábamos.
Estábamos no sé si por costumbre o
por esa tremenda adicción de intentarnos,
de sentirnos, de tocarnos y desbaratarnos
todos los sentidos y latidos del corazón.
No éramos la típica historia de amor.
Éramos como los animalitos de la calle,
que después de darles un poco de atención,
algo de comida y mucho cariño, ya no quieren
alejarse fácilmente de vos.
No éramos la típica historia de amor.
No nos celábamos el uno por el otro,
no había cientos de mensajes en el chat,
ni tampoco nos veíamos todos los días.
Pero por cada audio o llamada que nos
mandábamos al WhatsApp, las ganas
de vernos se quedaban cortas
entre tantas palabras que nos
decíamos por un celular.
No éramos la típica historia de amor.
Pero la fuerza de atracción que había entre los dos se asemejaba a la
ley física de gravitación universal formulada y establecida por Newton
en donde dos grandes masas opuestas siempre van a tener un punto en común
en el cual van a coincidir. Nuestras camas.
No éramos la típica historia de amor.
Éramos otra, casi única e irrepetible,
llena de ternura y locura desenfrenada
que nos encontraba siempre con ganas
de no terminar el juego que un día
sin querer habíamos empezado.
No éramos la típica historia de amor.
No sé quién de los dos estaba más loco,
si ella por fijarse en mí o yo por hacerla
sentir como si fuera la poesía más
atrevida, sensual y perversa que todo
mi ser contemplaba en su persona
cada vez que ella corría desnuda y libre
por el comedor, por la cocina y
el baño de casa.
No éramos la típica historia de amor.
Ella era un sueño y yo el soñador.
Ella era la luna orbitando mi tierra.
Ella era la galaxia andrómeda que
lentamente se acercaba a mi vía láctea.
Ella era caperucita roja y yo su lobo feroz
mintiéndoles a todo el mundo que
nunca podríamos estar juntos.
Pero no éramos la típica historia de amor.
Éramos más jadeos, gemidos y
orgasmos descontrolados.
Éramos dos ángeles tranquilos
a la distancia y dos diablos
inquietos en la cercanía.
Sí, éramos nuestra propia historia.
Texto: @ericmartinez.96