Para cuando el apóstol Pablo le estaba escribiendo su primera carta a Timoteo, era consciente que su confianza provenía solo de Dios. Pablo se sintió tan convencido de esto que lo puso en la primera parte de su carta. En 1 Timoteo 1:12-16, Pablo relata sus miserables defectos y la asombrosa gracia de Dios. Se llama así mismo el peor de todos los pecadores.