La redención realizada por Cristo Jesús siempre debe ser contemplada en el contexto de la historia de la salvación, desde el momento de la entrada del pecado hasta su erradicación final. Con la resurrección y la ascensión de Jesucristo, el centro del drama fue transferido al santuario del cielo. La clave del programa divino para el destino de nuestro mundo y la salvación de los hombres reside todavía en el santuario -no en el santuario levítico antiguo, porque ya no existe, sino en el santuario celestial, en el que Cristo, nuestro Sumo Sacerdote, está sentado a la diestra del Padre.