Todo en esta vida está sujeto al paso del tiempo. Todo envejece. Los objetos se desgastan, las estructuras se desmoronan, el cuerpo humano se debilita. Es una ley natural. El universo tiende al desorden, hacia la entropía, hacia el envejecimiento.
Pero aquí está lo interesante: Mientras vivimos, estamos en un continuo proceso de cambio y crecimiento. O al menos deberíamos estarlo. Debemos estar aprendiendo, evolucionando, mejorándonos a nosotros mismos constantemente.