I Te haces carne en la tierra. ¡Quién sabe cuánto tiempo has estado escondido! Utilizas Tu voz para hacer Tu obra, sufriendo todo el dolor y la adversidad. Hoy te despides de nosotros. No podemos evitar sentir tristeza y dolor. Nuestro tiempo juntos es corto. ¡Quién sabe cuándo nos volveremos a ver! En cada estación nos has acompañado, en el castigo y juicio, la adversidad y el refinamiento, sin alejarte nunca un paso. Oh… De no ser por Tu piedad, no sé adónde estaría. Gracias, Dios, por salvarme. ¡Nunca lo olvidaré! II Trabajas duro cada día, dándolo todo por nosotros, por nosotros. ¡Oh, el amor que siento cuando me abrazas! Me has cargado cuando era débil; consolado, cuando estaba herido; corregido cuando fui arrogante, me trajiste paso a paso hasta hoy. No puedo olvidar cada momento. Es tan difícil describir Tu amor. Tu majestad revelada, con ira, amor y piedad. Has juzgado mis pecados, perdonado mi ignorancia. Sólo con Tu tolerancia pude vivir frente a Ti. De no ser por Tu piedad, no sé adónde estaría. Gracias, Dios, por salvarme. ¡Nunca lo olvidaré! (Oh... oh... oh...) III Llevo en el corazón lo que me encomendaste. No debo fallar y debo colmar Tus expectativas de mí. Estoy dispuesto a aceptar lo que venga y cumplir con lo que me pidas. No importa qué revés sufra, daré un fuerte y rotundo testimonio por Ti. Te devolveré amor verdadero, te amo y satisfago por siempre. Oh… De no ser por Tu piedad, no sé adónde estaría. Gracias, Dios, por salvarme. ¡Eso lo recordaré! De no ser por Tu piedad, no sé adónde estaría. Gracias, Dios, por salvarme. ¡Nunca lo olvidaré! ¡Nunca, nunca! -- De "Seguir al Cordero y cantar nuevos cánticos"