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Hay libros que se leen en silencio y otros que, apenas se abren, empiezan a sonar. Retratos de jazz, de Haruki Murakami, pertenece a esta segunda estirpe: páginas que no solo describen la música, sino que la evocan, la recuerdan y la dejan vibrando en el aire, como un acorde que se rehúsa a desaparecer.
Murakami no escribe sobre el jazz desde la distancia del crítico ni desde el pedestal del especialista. Lo hace como un oyente apasionado, como alguien que ha pasado noches enteras escuchando discos, atendiendo bares, dejando que una melodía le ordene los pensamientos. Cada texto de este libro es un pequeño retrato —íntimo, subjetivo, profundamente humano— de músicos que marcaron su vida y que no aparecen aquí como monumentos, sino como presencias vivas, con luces, sombras… y una voz irrepetible.
By Nicolas PeñaHay libros que se leen en silencio y otros que, apenas se abren, empiezan a sonar. Retratos de jazz, de Haruki Murakami, pertenece a esta segunda estirpe: páginas que no solo describen la música, sino que la evocan, la recuerdan y la dejan vibrando en el aire, como un acorde que se rehúsa a desaparecer.
Murakami no escribe sobre el jazz desde la distancia del crítico ni desde el pedestal del especialista. Lo hace como un oyente apasionado, como alguien que ha pasado noches enteras escuchando discos, atendiendo bares, dejando que una melodía le ordene los pensamientos. Cada texto de este libro es un pequeño retrato —íntimo, subjetivo, profundamente humano— de músicos que marcaron su vida y que no aparecen aquí como monumentos, sino como presencias vivas, con luces, sombras… y una voz irrepetible.