Si, por alguna desgraciada circunstancia, llega al poder un dictador (algunos han llegado usando precisamente los mecanismos de la democracia), es una obligación moral denunciarlo constantemente y combatirlo hasta derrocarlo. Llegados a este punto, todo demócrata español debería tener claro una sola frase: o Sánchez, o la democracia porque ambos son, ya resulta groseramente evidente, incompatibles.