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Antes de aprender a derribar a alguien, en judo tienes que aprender algo mucho más importante: a caer.
Alan Francisco Martínez Pérez tiene 14 años y, aunque comenzó a practicar judo casi por casualidad durante la pandemia, hoy se encuentra entre los jóvenes deportistas oaxaqueños que están llevando esta disciplina a otro nivel.
Todo empezó cuando buscaba una actividad para hacer junto con su hermana.
Primero probaron danza.
Después descubrieron que cerca de casa también daban clases de judo.
Entraron.
Y algo que comenzó simplemente como una nueva actividad terminó convirtiéndose en disciplina, entrenamiento diario y competencias nacionales.
Hoy Alan entrena varias horas al día, combina la escuela con su preparación deportiva y en 2026 logró colocarse entre los cinco mejores del país en su categoría.
Pero este episodio de Oaxagenios en Potencia no trata solamente de medallas o competencias.
Trata de aprender a caer.
Literalmente.
Porque una de las primeras cosas que te enseñan en judo es precisamente eso: caer correctamente para levantarte sin lastimarte.
Y quizá pocas disciplinas explican tan bien lo que significa perseguir una meta.
Alan también ha perdido combates.
Y esas derrotas le han enseñado algo que no siempre se aprende cuando todo sale bien:
no todo se trata de ganar. También hay que aprender a perder.
Detrás de cada competencia existen horas de entrenamiento, preparación física, alimentación, viajes, gastos y una familia que acompaña todo ese proceso.
Alan entrena alrededor de cuatro horas al día después de cumplir con sus responsabilidades escolares. Y cuando se acerca una competencia, la preparación se vuelve todavía más exigente.
Ahora tiene frente a él otro objetivo.
Seguir sumando puntos y buscar la oportunidad de representar a México en una competencia panamericana.
Pero quizá una de las cosas más valiosas que el judo ya le dejó no tiene que ver con ganar un combate.
Alan cuenta que esta disciplina le ha enseñado a mantener la calma y buscar el diálogo antes que la violencia.
Porque saber defenderte también significa saber cuándo no pelear.
Y cuando le preguntamos qué mensaje le dejaría a otros jóvenes que tienen un sueño, respondió algo que resume perfectamente su historia:
"Si tienes un sueño, nunca te detengas. No importa que hagas el ridículo, inténtalo."
Porque solamente cuando te atreves descubres hasta dónde puedes llegar.
Alan tiene 14 años.
Ya representa a Oaxaca.
Ya compite entre algunos de los mejores jóvenes del país.
Pero todavía está comenzando.
🥋 Oaxagenios en Potencia | Segunda Temporada
Una serie creada para visibilizar, reconocer e impulsar a niñas, niños y jóvenes que están demostrando que el talento de Oaxaca merece oportunidades para llegar más lejos.
Porque algunas veces avanzar también significa aprender a caer, levantarte y volver a intentarlo.
El futuro también se construye paso a paso.
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Todo comenzó con una niña viendo una serie de televisión sobre un androide.
Fannie Hernández Casero tenía alrededor de siete u ocho años cuando comenzó a preguntarse cómo funcionaban los robots.
Lo que para muchas personas hubiera quedado simplemente como curiosidad, para ella se convirtió en una obsesión por aprender.
Comenzó de manera autodidacta.
Después convenció a su mamá para tomar cursos de electrónica y programación. Su primer maestro estaba en Bolivia y las clases eran virtuales. Poco a poco empezó a construir circuitos, trabajar con sensores y desarrollar sus primeros proyectos.
Hoy tiene 16 años.
Viene de Ciudad Ixtepec, en el Istmo de Tehuantepec, y ya ha liderado y programado robots para competencias de FIRST LEGO League, FIRST Tech Challenge y FIRST Robotics Competition.
Pero su historia no trata solamente de robots.
Trata de demostrar que el lugar donde naces no determina hasta dónde puedes llegar.
Fannie ha escuchado comentarios que muchas niñas todavía enfrentan cuando deciden entrar a áreas de ciencia y tecnología:
"Eso no es para mujeres."
También ha vivido otro tipo de prejuicio.
Durante una competencia internacional, recuerda que algunos participantes cuestionaron el nivel de su equipo simplemente por venir de Oaxaca, como si desde el sur de México no pudieran existir ciencia, tecnología e innovación.
Fanny decidió responder de la mejor manera posible:
con resultados.
Desde el Istmo ha participado en proyectos que combinan tecnología con problemas reales.
Construyó una mano robótica utilizando materiales accesibles, pensada para replicar movimientos a distancia y reducir riesgos en trabajos donde las personas pueden sufrir lesiones.
El proyecto consiguió una acreditación para Brasil.
También participó en un proyecto que utiliza visión por computadora para identificar tortugas marinas mediante características únicas de sus caparazones, evitando métodos invasivos de monitoreo.
Y ya está pensando cómo llevar esa misma tecnología a otras especies en peligro de extinción, como el ajolote mexicano.
Pero quizá lo más importante de Fannie no sea lo que ha construido.
Es lo que está haciendo para que otros también puedan construir.
Ha creado cursos de electrónica y robótica para niñas y niños de distintas comunidades del Istmo y participa en iniciativas para acercar la ciencia y la tecnología a quienes podrían pensar que ese mundo está demasiado lejos de ellos.
Ella misma lo explica con una frase que define muy bien su propósito:
"No quiero avanzar sola."
Quiere que más niñas y niños descubran que también pueden programar, construir, crear e innovar.
Porque Fannie no solamente quiere convertirse en ingeniera.
Quiere ayudar a otros a descubrir de qué son capaces.
Por eso se define de una manera que probablemente explica mejor su historia que cualquier medalla o competencia:
una ingeniera en sueños.
Tiene 16 años.
Todavía está comenzando.
Pero desde Ciudad Ixtepec ya está demostrando algo que necesitamos repetir mucho más:
la ciencia también se hace desde Oaxaca.
🎙️ Oaxagenios en Potencia | Segunda Temporada
Una serie creada para visibilizar, reconocer e impulsar a niñas, niños y jóvenes que están demostrando que el talento de Oaxaca puede competir, crear e innovar desde cualquier lugar.
Porque el futuro también se construye paso a paso.
Hay quienes utilizan la tecnología para hacer cosas sorprendentes. Paola decidió utilizarla para ayudar a otras personas.
Tenía apenas siete u ocho años cuando comenzó a desarrollar su primer proyecto: un filtro de agua potable.
Era una niña de primaria.
Pero aquella experiencia despertó una pregunta que desde entonces parece acompañar cada cosa que hace:
¿cómo puedo utilizar lo que sé para ayudar a alguien más?
Hoy, con 14 años, Paola Graciella Cobián Felgueres ha desarrollado proyectos relacionados con agua, agricultura, tecnología y salud.
Ha trabajado en un sistema de riego inteligente, en un dispositivo pensado para facilitar la comunicación de personas con traqueotomía y en proyectos de impacto social que la han llevado a representar a Oaxaca y México en competencias nacionales e internacionales.
En Ecuador obtuvo una medalla de oro.
También ha conseguido distintas medallas y reconocimientos en competencias de ciencia y tecnología.
Pero cuando le preguntamos qué existe detrás de todas esas medallas, Paola no habló primero de premios.
Habló de personas.
Porque hay algo que todos sus proyectos tienen en común:
buscan generar un bien para alguien más.
Y quizá ahí está lo más interesante de su historia.
La ciencia y la tecnología pueden servir para competir, aprender, crear o descubrir. Pero también pueden convertirse en herramientas para resolver problemas que existen en nuestras comunidades.
Paola lo entendió desde muy pequeña.
Por eso lleva consigo una idea que ha marcado su manera de trabajar:
"El que no vive para servir, no sirve para vivir."
Para ella, aprender tiene sentido cuando ese conocimiento puede ponerse al servicio de los demás.
Su historia también habla de algo que necesitamos recordar.
No tenemos que esperar a ser adultos, tener una empresa, ocupar un cargo o contar con grandes recursos para comenzar a transformar nuestro entorno.
Podemos comenzar observando.
Preguntándonos qué problema existe.
Buscando una solución.
Y dando el primer paso.
Paola todavía tiene muchísimo por descubrir. Participa en modelos de Naciones Unidas, se interesa por problemáticas internacionales y en 2027 espera continuar desarrollando esa experiencia en Nueva York. Pero cuando imagina su futuro, sigue apareciendo la misma intención: ciencia, tecnología y proyectos que puedan ayudar a otras personas.
Tiene 14 años.
Ya representó a su estado y a su país.
Ya ganó medallas.
Pero probablemente lo más importante todavía no sea lo que ha conseguido.
Es para qué decidió utilizar lo que sabe.
🎙️ Oaxagenios en Potencia | Segunda Temporada
Una serie creada para visibilizar, reconocer e impulsar a niñas, niños y jóvenes que están demostrando que el talento de Oaxaca no solamente puede llegar lejos.
También puede transformar la realidad de los demás.
Porque el futuro también se construye paso a paso.
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Las medallas se ven. Los trofeos se ven. Lo que casi nunca vemos es todo lo que una persona tuvo que soportar antes de conseguirlos.
Filipo Bernardo Rojas tiene 17 años y ya sabe que perseguir una meta puede exigir mucho más que talento.
Cuando tenía ocho años, mientras jugaba futbol, una piedra impactó directamente en su ojo izquierdo. La lesión fue grave: perdió el cristalino y durante meses tuvo que acudir constantemente a revisión médica.
Su relación con el deporte pudo haber cambiado por completo.
Pero Filipo siguió.
Practicó taekwondo, jugó futbol, llegó a realizar visorías y formar parte de un equipo. Durante años, el gimnasio era solamente un complemento para mejorar su rendimiento.
Hasta que un día asistió como espectador a una competencia de fisicoculturismo.
Algo cambió.
Lo que inicialmente había ido a observar terminó convirtiéndose en un nuevo objetivo.
Comenzó a prepararse específicamente para competir y, apenas cuatro meses después, llegó su primera competencia estatal.
El resultado: dos primeros lugares y un segundo lugar.
Después vinieron nuevas competencias, clasificaciones y la oportunidad de representar a Oaxaca en campeonatos nacionales.
Pero este episodio de Oaxagenios en Potencia no trata solamente de músculos, competencias o trofeos.
Trata de lo que sucede cuando alguien decide tomarse en serio una meta.
Filipo habla de entrenamientos, alimentación, cansancio, preparación, costos, horas de trabajo y momentos en los que la mente también comienza a exigir respuestas.
Porque subir unos minutos a una tarima puede significar meses haciendo cosas que nadie está viendo.
Y ahí aparece una de las ideas más importantes de su historia:
aprender a aguantar el proceso.
Filipo reconoce que no todas las personas a su alrededor entendieron lo que quería hacer. Hubo compañeros e incluso familiares que no apoyaron su decisión.
Pero él tenía claro que era su sueño.
Y continuó.
No porque todos los días fueran fáciles. No porque siempre tuviera ganas. Sino porque entendió que una meta también exige permanecer cuando todavía no existen resultados.
Detrás de él también hay algo fundamental: una familia que ha acompañado sus distintas etapas deportivas, que lo ha apoyado emocional y económicamente y que ha estado presente incluso en las partes del camino que normalmente no aparecen en una fotografía con una medalla.
Hoy Filipo ya está pensando en el siguiente paso.
Quiere estudiar Nutrición, especializarse en el área deportiva y algún día convertirse en campeón nacional, combinando lo que aprende dentro del deporte con aquello a lo que quiere dedicarse profesionalmente.
Tiene 17 años.
Todavía le falta muchísimo camino.
Y justamente de eso se trata Oaxagenios en Potencia.
No buscamos solamente historias de jóvenes que ya consiguieron algo extraordinario.
Buscamos a quienes están construyendo aquello en lo que pueden convertirse.
Porque detrás de cada resultado existe un proceso.
Y detrás de cada joven que decide seguir adelante, incluso cuando las cosas se complican, puede existir una historia capaz de hacer que alguien más también se atreva a intentarlo.
🎙️ Oaxagenios en Potencia | Segunda Temporada
Historias de niñas, niños y jóvenes que están demostrando que el talento de Oaxaca merece ser visto, reconocido e impulsado.
Porque el futuro también se construye paso a paso.
El mezcal lleva generaciones formando parte de Oaxaca. Pero eso no significa que siempre tenga que disfrutarse de la misma manera.
Durante la pandemia, una familia oaxaqueña decidió experimentar con algo completamente diferente: convertir el sabor y la esencia del mezcal en una gomita artesanal.
La primera prueba no salió bien.
Todo se derritió.
Pero en lugar de abandonar la idea, siguieron probando, ajustando ingredientes, entendiendo tiempos, temperaturas y procesos hasta encontrar una fórmula propia.
Así comenzó una historia de innovación que nació en una cocina familiar.
En este episodio de Deshebrando Historias conversamos con Cecilia Luna García para conocer cómo su familia logró reinventar una tradición oaxaqueña y transformarla en un producto completamente diferente: gomitas artesanales elaboradas con mezcal, sal de gusano y sabores que mantienen una fuerte conexión con Oaxaca.
Pero innovar no significa simplemente hacer algo raro o diferente.
También significa entender qué hace especial a tu producto y protegerlo.
Por eso decidieron conservar un proceso artesanal, evitar conservadores y mantener características que sus propios clientes comenzaron a reconocer: textura, sabor, color y una experiencia distinta al probarlas.
Con el tiempo descubrieron además que tener un buen producto no era suficiente.
Había que aprender a venderlo.
Cecilia entendió que muchas personas llegaban pensando que no les gustaba el mezcal o que simplemente no comprarían una gomita. Su estrategia fue mucho más sencilla que cualquier discurso comercial:
invitar a probar.
Saludar, conversar, permitir que la persona conozca el producto y dejar que la experiencia haga el resto.
Porque muchas veces vender no comienza intentando convencer.
Comienza generando confianza.
La historia de estas gomitas también demuestra algo importante para cualquier persona que esté emprendiendo:
innovar no siempre significa inventar algo desde cero.
A veces significa mirar aquello que ya existe, entender su esencia y preguntarnos:
¿qué pasaría si lo presentamos de una manera completamente distinta?
Eso fue lo que hicieron con el mezcal.
Lo convirtieron en una experiencia diferente sin dejar de reconocer de dónde viene.
Y quizá ahí está una de las grandes oportunidades para los productos oaxaqueños: respetar nuestras raíces, pero atrevernos también a experimentar con ellas.
🎙️ Deshebrando Historias | Una serie original de Oaxagenios
Historias de productores, emprendedores y familias que están encontrando nuevas maneras de transformar lo que Oaxaca sabe hacer.
Porque conservar una tradición también puede significar permitirle evolucionar.
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Tenía dos años y medio cuando pidió aprender ballet. Hoy, con apenas 10 años, ya ha bailado en uno de los escenarios más importantes de México.
Para Leonora Méndez Pareja, el ballet no es solamente una disciplina.
Es un lenguaje.
Una manera de expresarse, de liberar lo que siente y de descubrir hasta dónde puede llegar cuando combina talento con algo todavía más importante: disciplina, constancia y la decisión de no rendirse.
En 2025 vivió una de las experiencias más importantes de su corta trayectoria. Viajó a Ciudad de México para participar en el Concurso Infantil y Juvenil de la Sociedad de Maestros de Danza y, al llegar, descubrió algo que no esperaba:
era la única bailarina oaxaqueña en la competencia.
Llegó sola, nerviosa y enfrentándose a niñas con un enorme nivel.
No logró superar una de las eliminatorias.
Y justamente ahí comienza una de las partes más valiosas de su historia.
Porque Leonora entendió que no obtener el resultado que esperabas no significa que hayas fracasado.
Siguió aprendiendo, disfrutó la experiencia y terminó bailando en el Palacio de Bellas Artes, un escenario que muchos bailarines sueñan con pisar algún día.
Pero su camino tampoco comenzó ahí.
Sus resultados en exámenes de certificación le permitieron obtener becas para continuar su preparación en Lima, Perú, y posteriormente fue seleccionada mediante audición para participar en un curso intensivo encabezado por Elisa Carrillo, una de las bailarinas mexicanas con mayor reconocimiento internacional.
Detrás de esas oportunidades existen muchas horas que casi nadie ve.
Escuela por la mañana. Tareas. Entrenamientos que podían extenderse durante varias horas. Ballet, jazz, danza aérea y preparación constante mientras continuaba cumpliendo con sus responsabilidades académicas.
Porque las historias que parecen extraordinarias desde afuera casi siempre están construidas con pequeñas decisiones repetidas todos los días.
Leonora todavía no sabe exactamente qué hará cuando sea adulta.
Le interesan la psicología, el derecho y otras posibilidades.
Pero hay algo que sí tiene claro:
quiere seguir bailando.
Y quizá ese sea el mensaje más importante de su historia.
A los 10 años no necesitas tener resuelta toda tu vida.
Necesitas encontrar algo que te apasione, atreverte a intentarlo, aceptar que algunas veces no saldrá como esperabas y volver a intentarlo.
Como dice Leonora:
"La vida es muy corta para rendirse y no hacer lo que tú quieres."
Esta es la historia de una niña que apenas comienza a descubrir hasta dónde puede llevarla aquello que ama.
Y nosotros queremos estar ahí para verla crecer.
🩰 Oaxagenios en Potencia | Segunda Temporada
Una serie creada para visibilizar, reconocer e impulsar a niñas, niños y jóvenes que están demostrando que el talento de Oaxaca merece ser visto.
Porque el futuro también se construye paso a paso.
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A veces salir de tu comunidad te permite descubrir todo el valor de aquello que dejaste atrás.
Vivaldi Santiago salió de Santa María Yucuhiti para estudiar Agronomía en Chapingo. Mientras se preparaba lejos de casa, comenzó a mirar de otra manera algo que había formado parte de su infancia: las huertas de café de su familia.
Durante un tiempo, aquellas plantaciones quedaron descuidadas.
Y entonces apareció una pregunta que muchas personas que salen de sus comunidades terminan enfrentando:
¿qué haces con todo lo que aprendiste cuando tienes la oportunidad de regresar?
Vivaldi regresó.
Volvió al campo, comenzó a renovar las plantaciones y decidió aplicar sus conocimientos para profesionalizar una actividad que su familia había realizado durante generaciones.
Así comenzó también una nueva etapa para Café Tradición, un proyecto que busca hacer algo aparentemente sencillo, pero profundamente importante: que el café pueda recorrer un camino más corto entre las manos que lo producen y las personas que finalmente lo disfrutan.
En este episodio de Oaxagenios Podcast hablamos de café de especialidad, producción, frescura, trazabilidad y de una región oaxaqueña que poco a poco está comenzando a llamar la atención por la calidad de sus granos: Santa María Yucuhiti.
Pero esta conversación también nos obliga a mirar algo mucho más grande.
¿Qué sucede cuando dejamos de consumir lo que producen nuestras propias comunidades?
¿Qué pasa con el campo cuando las nuevas generaciones se van y ya no regresan?
¿Y cuánto cambia una comunidad cuando alguien decide volver con nuevos conocimientos para transformar lo que siempre estuvo ahí?
Vivaldi también nos enseña algo que quizá muchos consumidores nunca pensamos cuando tomamos una taza de café: el buen café comienza mucho antes de servirlo.
Empieza en la selección del fruto, en la cosecha, en el proceso, en el tueste y hasta en algo tan sencillo como revisar qué tan fresco es el café que estamos comprando.
Su recomendación es clara: conocer quién lo produce, buscar café recién tostado y aprender a disfrutarlo sin prisas.
Porque detrás de una taza existen familias, parcelas, años de conocimiento y personas que siguen apostando por vivir de la tierra.
Y quizá una de las maneras más sencillas de ayudarlas sea también una de las más cotidianas:
saber de dónde viene lo que consumimos.
🎙️ Oaxagenios Podcast
Una conversación con Vivaldi Santiago sobre café, campo, conocimiento, identidad y la importancia de regresar para transformar aquello que alguna vez recibimos como herencia.
Mira el episodio completo, compártelo y cuéntanos:
¿Sabes quién produjo el café que tomaste hoy?
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(Durante este episodio, Héctor interpreta en vivo fragmentos de "Mi Talismán" y "Granada". Los derechos de autor de las composiciones corresponden a sus respectivos autores y titulares. La interpretación y grabación audiovisual fueron realizadas durante Oaxagenios en Potencia.)
A veces el talento comienza mucho antes de que alguien se dé cuenta de hasta dónde puede llegar.
Héctor Sánchez Sosa tenía apenas unos años cuando comenzó a cantar. Su mamá le enseñaba canciones, en casa veía películas de Pedrito Fernández y poco a poco algo que parecía simplemente el gusto de un niño por la música comenzó a convertirse en algo mucho más grande.
Hoy tiene 12 años.
Viene de Santa María Zoquitlán, Oaxaca, ya grabó su primer disco, uno de sus videos alcanzó millones de reproducciones y su voz lo ha llevado a presentarse en lugares que probablemente ni él imaginaba cuando comenzó: Colombia y Francia.
Pero esta historia no se trata únicamente de cantar bien.
Se trata de descubrir algo que te apasiona, tener una familia que crea en ti, prepararte, practicar y seguir avanzando aunque todavía estés comenzando.
Porque el talento puede abrir una puerta, pero son la disciplina, la constancia y las oportunidades las que permiten cruzarla.
Héctor sigue tomando clases de guitarra, prepara su voz antes de cantar y sueña con algún día presentarse en escenarios mucho más grandes. Mientras tanto, continúa haciendo algo que quizá sea todavía más importante: disfrutar lo que hace sin olvidar de dónde viene.
Cuando le preguntamos qué mensaje le daría a otros niños que tienen una pasión pero tienen miedo de seguirla, su respuesta fue sencilla:
"Que hagan lo que les gusta."
Y quizá ahí está una de las lecciones más importantes de esta historia.
No todos los niños tienen que saber exactamente qué quieren hacer con su vida. Pero cuando encontramos algo que despierta nuestra curiosidad, nos emociona y nos hace querer aprender más, vale la pena darle una oportunidad.
Porque nunca sabemos hasta dónde puede llevarnos aquello que comenzamos haciendo simplemente porque nos hacía felices.
Héctor ya llevó su voz de Santa María Zoquitlán a otros países.
Y apenas está comenzando.
🎙️ Oaxagenios en Potencia | Segunda Temporada
Una serie creada para visibilizar, reconocer e impulsar a niñas, niños y jóvenes que nos recuerdan que en Oaxaca existe talento capaz de llegar mucho más lejos de lo que imaginamos.
Porque el futuro de Oaxaca también se está construyendo hoy.
Pasamos gran parte de nuestra vida mirando hacia adelante. Pero quizá, de vez en cuando, también deberíamos recordar mirar hacia arriba.
Carlos Roberto Aguilar Jiménez lleva prácticamente medio siglo haciéndolo.
Todo comenzó cuando era niño y vio por primera vez a Saturno a través de un telescopio. Décadas después, aquella imagen que todavía recuerda con absoluta claridad terminaría marcando el rumbo de su vida.
Desde entonces ha dedicado más de 50 años a observar el cielo, divulgar ciencia y acercar a miles de personas a algo que parece lejano, pero que en realidad habla profundamente de nosotros mismos: el universo.
En esta conversación de Oaxagenios Podcast no quisimos preguntarle solamente por estrellas, planetas o telescopios.
Quisimos hacerle una pregunta mucho más grande:
¿Qué aprende sobre la vida una persona después de pasar medio siglo contemplando algo infinitamente mayor que ella?
Y las respuestas nos llevaron mucho más lejos de lo que imaginábamos.
Hablamos de por qué cuando observamos las estrellas en realidad estamos mirando hacia el pasado; de cómo la luz del Sol tarda alrededor de ocho minutos en llegar hasta nosotros; de galaxias cuya luz comenzó su viaje millones de años antes de que existiera nuestra especie tal como la conocemos; y de una idea fascinante: los astrónomos son, de alguna manera, arqueólogos del cielo.
También descubrimos una historia que pocos oaxaqueños conocen: existe un asteroide llamado Oaxaca 14217, identificado a finales de los años noventa durante trabajos de observación realizados junto con integrantes de la Sociedad Astronómica de Oaxaca y el Observatorio.
Pero quizá lo más importante de esta conversación no está allá arriba.
Está aquí.
Carlos habla de curiosidad, pensamiento científico, tecnología, infancia, conocimiento, familia, decisiones y de la importancia de construir algo que pueda permanecer cuando nosotros ya no estemos.
Después de observar el universo durante medio siglo, llegó también a una conclusión profundamente humana: somos diminutos frente a la inmensidad del cosmos, pero tenemos algo extraordinario.
Podemos pensar en grande.
Y tal vez por eso mirar las estrellas sigue siendo importante.
Porque cuando levantamos la cabeza y comprendemos lo pequeños que somos, también podemos recordar lo extraordinario que significa estar aquí.
Este episodio es una invitación a recuperar algo que quizá la rutina, las pantallas y las preocupaciones cotidianas nos están quitando poco a poco:
la capacidad de asombro.
🎙️ Conversamos con Carlos Roberto Aguilar Jiménez, divulgador de la astronomía y una de las figuras fundamentales del Observatorio Astronómico Municipal Canuto Muñoz Mares.
Mira el episodio completo en nuestro canal de YouTube y escúchalo en tus plataformas digitales favoritas.
Y esta noche, cuando tengas oportunidad, haz algo muy sencillo:
mira hacia arriba.
Cada vez más parejas de México y del extranjero están viajando cientos —e incluso miles— de kilómetros para casarse aquí. Pero, ¿qué tiene Oaxaca que otros destinos no tienen? ¿Por qué alguien elegiría reunir a su familia y amigos en esta ciudad para celebrar uno de los momentos más importantes de su vida?
La respuesta va mucho más allá de una iglesia bonita o un lugar espectacular.
Una boda destino en Oaxaca puede comenzar con una calenda por sus calles, continuar alrededor de una mesa llena de gastronomía oaxaqueña, incluir mezcal, artesanías, alebrijes, barro, música, recorridos por comunidades y terminar convirtiéndose en varios días de experiencias compartidas entre familiares y amigos.
En este episodio de Oaxagenios Podcast conversamos nuevamente con Mariza Ordaz, especialista en bodas destino y una de las profesionales con mayor experiencia en esta industria en Oaxaca, para entender por qué nuestro estado se ha convertido en un referente para el turismo de romance.
Hablamos de lo que buscan las parejas que deciden casarse aquí, de los elementos que hacen diferente una boda oaxaqueña, de cuánto puede costar organizarla, de los lugares y proveedores que intervienen y de la enorme cadena de valor que se activa cada vez que una pareja elige Oaxaca para decir "sí, acepto".
Porque detrás de una boda también trabajan hoteles, restaurantes, chefs, transportistas, floristas, músicos, artesanos, diseñadores, productores, guías de turistas, empresas de iluminación, audio y decenas de profesionales que han contribuido a construir la reputación de Oaxaca como destino.
Pero esta conversación también pone sobre la mesa una responsabilidad: crecer sin perder aquello que hizo especial al destino. Profesionalizarse, cuidar el servicio, ofrecer precios justos y proteger la experiencia que durante años empresarios y prestadores de servicios han construido.
Mariza lo ha visto desde dentro. Ha trabajado con parejas provenientes de distintos lugares de México, Latinoamérica, Estados Unidos y Europa, y ha convertido esa experiencia en conocimiento que hoy comparte con quienes están pensando en elegir Oaxaca para casarse.
Porque quizá el verdadero secreto de una boda destino no está solamente en dónde te casas.
Está en todo lo que haces sentir a las personas que decidieron viajar para acompañarte.
🎙️ Oaxagenios Podcast
Si estás pensando en casarte en Oaxaca, trabajando en la industria de bodas o simplemente quieres entender por qué este destino está enamorando a parejas de diferentes partes del mundo, mira el episodio completo.
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Si te casaras en Oaxaca, ¿qué elemento oaxaqueño no podría faltar en tu boda?
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