Las infancias guardan una verdad que aveces la adultez quiere silenciar o domesticar no sé qué sea peor y es allí donde vive tu versión más auténtica esa versión que no conoce de juicios, ni de miedos, ni de vergüenza a ser distinta, la que soñaba imposibles antes de escuchar las voces ajenas y aprender el arte de adaptarnos; lo chingon es que el alma nunca olvida de él todo y ese niño o niña o niñe sigue allí con las rodillas raspadas, los ojos encendidos y el corazón intacto. Recordemos lo esencial… quienes somos cuando nadie mira, que anhelamos cuando podemos abstraernos de el deber ser ¿porque no atrevernos a ser quien siempre fuimos ? Preservemos en las presentes infancias lo que nos ha costado recuperar de las nuestras.