Odio esto,
los giros dramáticos de la noche al día que le dan la vuelta a todo por exceso de pensamientos.
Odio esto,
el miedo a lo desconocido, a lo nuevo,
o a que venga algo mejor de lo que un día creíste perfecto.
Odio esto,
los cambios de actitud que hacen cambiar sentimientos,
que confunden las sensaciones,
y que hacen por un segundo que hasta tú mismo creas hacer lo correcto.
Odio esto,
los presentes turbios por pasados negros,
las sonrisas que se pierden por lágrimas clavadas,
la de príncesas jodidas por besos errados en ranas.
Odio esto,
de cosas que se complican por balas que pasaron cerca,
porque las cicatrices sólo son cicatrices,
y ya sabes lo que pasa cuando se cierra una puerta.
Odio esto ¿sabes?
odio los miedos que provocan dudas,
y los inocentes que pagan por necios.
Odio las guerras que hay que pelear por flechas que no has lanzado,
por cuerpos que no has herido,
por almas que casi has salvado,
y te han perdido.
Y odio las palabras que cambian de color,
de entonación y de significado después de darle vueltas al pasado,
las que se olvidan de una vida por delante y de la sonrisa,
las que están casi tan asustadas por quedarse como por huír.
Y no las odio por mí,
odio esto por ti, por ellos,
por quien deja pasar la felicidad y termina lleno de cicatrices,
por quien no arriesga por si vuelve a doler,
por quien prefiere girar la cabeza a dejarse querer.
Odio esto,
que haya quien pudiendo ganar,
elija haber perdido.
Odio esto,
pero me encanta ella. Lo se
estoy jodido.