A finales del mes de julio, se vivió en Chile un hecho inaceptable, no aislado, pero que dejó una vez más en evidencia la falta de importancia que tiene para el Estado las niñeces migrantes racializadas. El primer atisbo de cobertura sobre la muerte de Dangeline Verce, una niña chilena con padres migrantes haitianos no nació desde ningún medio de comunicación. Una tragedia que casi pasa desapercibida ante los ojos de miles de chilenos. Y es que las primeras voces que decidieron poner el tema sobre la mesa no fueron los medios, sino las organizaciones sociales en defensa de las niñeces.