Hoy tratamos sobre la belleza de la vida consagrada, tras la Jornada Mundial que ayer, 2 de febrero, celebraba la Iglesia con el lema “¿Para quién eres?”. Ahondando en el tesoro del Bautismo, la vida consagrada muestra su profundo sentido desde la vocación de toda la Iglesia a la santidad y como manifestación, ya en esta vida terrena, de la plenitud final del Amor de Dios a toda Iglesia y a cada ser humano. Nos ayudan en estas reflexiones un sugerente y no imposible diálogo entre Nietzsche y Santa Teresita de Lisieux, las palabras y la pintura de sor Isabel Guerra y la aclamada película “Los domingos”, de Alauda Ruiz de Azúa.