La historia de Oleg Gordievski es la de un hombre que se levantó contra la institución más temida de su tiempo: la KGB. Nacido en Moscú en 1938 y criado en la élite soviética, Oleg era el hijo de un comunista rígido, un agente del NKVD que creía firmemente en el sistema comunista. Sin embargo, en el periodo de deshielo de Jruschov, en el que las purgas de Stalin salieron a la luz dejando clara la brutalidad del régimen, junto con la construcción del Muro de Berlín y la invasión de Checoslovaquia en 1968, lo llenó de una profunda desilusión. Mientras ascendía en la KGB, su corazón miraba cada vez más hacia Occidente.
Destinado por primera vez en Dinamarca, su fascinación por la cultura occidental y su mentalidad reformista captaron la atención de la inteligencia británica. En 1974, el MI6 lo reclutó. Gordievski comenzó una doble vida peligrosa: un oficial de la KGB leal en apariencia, pero un topo inestimable para Occidente.
A principios de los años 80, fue destinado a la residencia de la KGB en Londres. Fue aquí donde la información crucial comenzó a fluir.
Gordievski proporcionó la mayor cantidad de inteligencia de toda la Guerra Fría.
Sus revelaciones fueron impactantes:
Identificó espías, revelando que figuras políticas británicas de alto nivel, incluido Michael Foot, el líder laborista, habían sido colaboradores del KGB.
Destapó la paranoia y las vergüenzas del Kremlin Alertando a Occidente sobre la Operación RYAN. Los líderes soviéticos, como Yuri Andropov, estaban sumidos en una paranoia extrema, creyendo que Estados Unidos preparaba un ataque nuclear inminente, lo que los llevó a lanzar la operación de espionaje más grande en tiempo de paz.
La información más crítica llegó durante el ejercicio de la OTAN "ABLE ARCHER 83". Gordievski alertó de que el Kremlin lo interpretaba como una maniobra de distracción para lanzar un ataque nuclear real. La URSS movilizó su arsenal. Sus informes revelaron que el mundo estuvo más cerca de una aniquilación nuclear que en cualquier otro momento desde la Crisis de los Misiles de Cuba.
La información proporcionada por Gordievski fue clave. Permitió a la administración de Ronald Reagan comprender que el miedo soviético era genuino y no solo una escalada de retórica. Gracias a sus datos, se redujo la tensión, y Gordievski se convirtió en una pieza fundamental de la política exterior de la época. Incluso ayudó a escribir el guion que Margaret Thatcher siguió para entablar una relación con el futuro líder soviético, Mijaíl Gorbachov.
En 1985, tras ser ascendido a jefe de la KGB en Londres, su vida dio un giro dramático. El topo de la CIA Aldrich Ames vendió su nombre a Moscú. Gordievski fue llamado urgentemente a la URSS.
Al llegar, fue drogado e interrogado por la cúpula de la KGB. A pesar de que no confesó, entendió que su vida corría peligro. Activó la Operación PIMLICO, un plan de escape de emergencia ideado por el MI6.
El 19 de julio de 1985, Gordievski eludió la vigilancia del KGB, viajó en tren y autobús, y fue recogido por un coche diplomático británico. En un final digno de una película, los agentes del MI6 lo escondieron en el maletero. En la frontera finlandesa, una de las diplomáticas logró distraer a los perros rastreadores que olfateaban el coche, cambiando el pañal de su bebé en el capó. El espía fue sacado con éxito de la URSS.
Gordievski se instaló en Reino Unido, donde continuó proporcionando información y se reunió personalmente con Thatcher y Reagan. Sus informes jugaron un papel decisivo al animar a Estados Unidos a mantener su firmeza en la carrera armamentista, forzando a la arruinada URSS a colapsar. En 1991, su familia finalmente pudo unirse a él en Londres, poco antes de la disolución de la Unión Soviética.
Gordievski fue condenado a muerte en ausencia por traición, también fue condecorado por la Reina. Nunca regresó a Rusia y su información ayudó a Occidente a ganar la Guerra Fría.
Bibliografía para saber más:
Espía y traidor: La mayor historia de espionaje de la guerra fría, Ben Macintyre
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