Terminamos hablando con Eugenio nuestro experto en el arte y la salud. La salud también incluye el ocio y la diversión.
Una corriente de investigación, atribuye su origen a los templarios, los cuales usarían para sus ratos de ocio en Jerusalén las conchas del “Nautilus”, al cual le asignarían, aparte del componente lúdico, un mensaje criptográfico, que solo determinados miembros de la Orden, eran capaces a descifrar.
La concha del "Nautilus" tiene 63 espacios, que quizás sean el origen del Tablero: las 63 casillas del juego.
Los Templarios eran los guardines de los Lugares Santos de Jerusalén, así como de los caminos que conducían a los mismos.
Esta labor de custodia, se extendió al Camino de Santiago, por entonces, aun en manos de los musulmanes, en muchos de sus tramos en la Península Ibérica.
Cualquier investigador o conocedor de las Reglas de la Orden del Temple, nos dirá que esto no es posible, porque las Reglas de la Orden prohibían los Juegos de: Dados y Ajedrez.
Pero el Juego de la Oca, no era un Juego para los Templarios, sino la Guía del Camino de Santiago de Ida y Vuelta. Esta Guía encriptada, se basaba en los Marcadores o Carteles anunciadores que los Maestros Constructores dejaban en las Catedrales, Castillos, Monumentos, Puentes, Cementerios...
La invención del juego de la Oca, es anterior al siglo XI, pero cuando alcanzo una verdadera eclosión como juego, fue durante el reinado de emperador español Felipe II.
El mecenas italiano, Francisco de Médicis, regaló a Felipe II, un Tablero y dados del juego, los ociosos cortesanos y cortesanas, pronto empezaron a matar el aburrimiento con tan divertido Juego.
En ese momento, Madrid, era la capital del Imperio donde “no se ponía el Sol” y todos los gobernantes mundiales, estaban mediatizados por las decisiones que se tomaban en Madrid, que influían en una rápida aceptación y difusión de nuestros gustos y modas.
El Juego de la Oca, sustituyo prácticamente al Ajedrez, en las Cortes europeas, siendo un preciado regalo intercambiado entre los nobles.