La historia de Jonás termina abruptamente con un cliffhanger, sin una conclusión a la narrativa. ¿Por qué? Para dejar el dedo apuntando a nosotros, el lector. Y debemos ver que esta misma actitud de Jonás mora en nosotros. Tenemos el mismo sesgo de autoservicio. ¿Cómo? Tendemos a evaluar el mundo y las cosas adentro, incluyendo otras personas, con un ojo a nuestro propio bienestar. Lo que es conveniente a nosotros, lo que sirve a mi y a mi familia y a mi gente. Lo bueno es lo que me sirve prosperar, y lo malo es lo que amenaza tal prosperidad. Por tanto, categorizamos a otras personas nuestros enemigos si son de otros países, otras etnicidades, u otras perspectivas políticas… solo porque parece que están retando nuestra visión de la prosperidad. Y luego, ya categorizados como enemigos, concluimos que no tienen dignidad, y que no merecen nuestra piedad. Casi igual como Jonás, sentamos a gustos delante de una pantalla ansiosamente esperando noticias sobre la caída de nuestros enemigos… mientras nos ponemos tan tristes y enojados cuando nuestro celular se cae al suelo y la pantalla rompe. ¿Quién es Jonás? Tu y yo. ¿Qué es el problema? Nuestro egoísmo profundo y nuestro sesgo de autoservicio. Todo esto es evidencia en contra de nosotros… el veredicto es claro: no amamos apropiadamente lo que debemos amar porque estamos contaminados con el egoísmo. Pero no solo vemos esto sobre nosotros, también vemos como Dios revela su corazón puro en este pasaje.
Time:
Morning
Minister:
Rev. T. R. Kern
Texts:
Jonah 4:5–11
Series:
Español