Cada vez que nosotros rezamos «el Padrenuestro», dicen que el Señor nos contesta con «el hijomío»: «Hijo mío que estás en la tierra…».
A «santificado sea tu nombre», Él responde: «Conozco tu nombre, te comprendo y te quiero». «Venga a nosotros tu Reino», y Él: «Tú eres el heredero de mi Reino, no estás solo para hacer mi voluntad».
«Danos hoy nuestro pan de cada día». «Hijo mío, tendrás el pan de hoy, no te preocupes, pero compártelo».
Y, nos sigue diciendo: «Perdono las ofensas que me has hecho –¡tantas!- a condición de que perdones a los que te han ofendido».
«Hijo mío, para que no caigas en tentación cógete fuerte de mi mano y te libraré del mal. ¡Pobre y querido hijo mío!».