“De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” (S. Juan 3:3).
No le habría sorprendido a Nicodemo oír que Jesús afirmara que los que no eran judíos debían nacer “de nuevo” a fin de “ver el reino de Dios”, pero la idea de que él, un respetable judío, estuviera fuera del círculo de la salvación, era un pensamiento nuevo e inquietante.