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El amor y la fidelidad de Dios resplandecen incluso frente a la constante rebeldía de su pueblo. Aunque todos hemos pecado y nos hemos apartado de Él, mereciendo justamente su juicio, Dios nunca dejó de amarnos ni de cumplir sus propósitos eternos. Su fidelidad no depende de la fragilidad de la obediencia humana, sino de la firmeza de su carácter santo e inmutable. La disciplina divina busca corregir, no destruir; y aun en medio del juicio, Dios extiende su misericordia, llamándonos al arrepentimiento y ofreciendo restauración. La historia del pueblo de Dios nos recuerda que su amor es inquebrantable, paciente y soberano, y que su gracia siempre prevalece sobre la infidelidad humana.
By IglesiaelgranyosoyquitoEl amor y la fidelidad de Dios resplandecen incluso frente a la constante rebeldía de su pueblo. Aunque todos hemos pecado y nos hemos apartado de Él, mereciendo justamente su juicio, Dios nunca dejó de amarnos ni de cumplir sus propósitos eternos. Su fidelidad no depende de la fragilidad de la obediencia humana, sino de la firmeza de su carácter santo e inmutable. La disciplina divina busca corregir, no destruir; y aun en medio del juicio, Dios extiende su misericordia, llamándonos al arrepentimiento y ofreciendo restauración. La historia del pueblo de Dios nos recuerda que su amor es inquebrantable, paciente y soberano, y que su gracia siempre prevalece sobre la infidelidad humana.