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Ocho voces en una historia de Luis Soler que cuenta la investigación de un policía que persigue hasta Mónaco a un médico, pensando que tiene algo que ver en la muerte de Marcos García. Un relato narrado por Jordi Odrí que empieza así;
La terraza de Café Tívoli, en Mónaco, es un lugar mucho más pequeño de lo que uno se pueda imaginar. Sobre todo si lo comparamos al tamaño de la fama que atesora el local. Al parecer, se necesita reserva para tomar algo de su exclusiva carta. Mucha exclusividad, lujo y precios impagables para la mayoría de los mortales. Quien va al Tívoli sabe a lo que va. Allí se habían citado dos personas; el policía Arturo Orfila y el médico Winston Juaneda.
- Buenos días Orfila. Me sorprendió que me llamara. No sabía que también Usted pasaba sus vacaciones aquí en Mónaco. Síentese hombre. ¿Le apetece algo?
- No gracias. Solo quería hacerle unas preguntas.
- ¿Está trabajando o de vacaciones?
- Digamos que tengo unas preguntas a formularle.
- Me tiene intrigado. Usted dirá.
Hizo un gesto al camarero y le señaló algo en la carta. El camarero asintió, cogió las cartas y se retiró.
- En enero pasado entró por Urgencias en el Hospital en el que usted trabaja un hombre que tenía dolores abdominales. ¿Lo recuerda?
- No. Solo con esa información, no.
- Se llamaba Marcos García. Unos 70 años, de cabello blanco y con una marca en la cara, como un lunar. Aquí (y señaló su pómulo izquierdo)
- Sí, eso ya me dice algo. Creo recordar a un tipo así. Un melanoma facial. Siento no poder dar mucha información. Primero porque es confidencial y, sobre todo, porque no recuerdo con mucho detalle a todos los pacientes de Urgencias. Sería distinto si fueran pacientes míos. En esos casos se derivan a quien corresponda en cada momento y luego, en la mayoría de los casos, deja de haber un seguimiento por parte de quienes hacen la guardia. ¿Por qué me está preguntado esto?
- Aquel hombre falleció.
- Vaya, cuánto lo siento. Pero, ¿qué tiene que ver conmigo?
- Es curioso. En principio nada, porque he seguido los registros en mi investigación y demuestran que usted apenas estuvo un momento con él. Luego hubo un cambio de guardia y, empezaron sus vacaciones. De eso hace varios meses.
- No sabía que hubiera fallecido. Y el motivo de que esté aún de vacaciones es porque he pedido una excedencia. Mi mujer y yo hemos decidido dar un giro a nuestras vidas.
El policía miró a su alrededor y añadió
- Y vaya vacaciones. Por todo lo alto.
En ese momento llegó el camarero y sirvió una bandeja de ostras frescas al médico que se dispuso la servilleta como babero.
- ¿Gusta Usted?
Arturo Orfila hizo una mueca de desagrado y contestó:
- No. Jonathan Swift hizo una reflexión sobre quienes se comen una ostra y lo suscribo.
- ¿Cómo dice?
- Las ostras son las depuradoras del mar. Limpian la suciedad, filtran el agua.
- Pensaba que eso lo hacían los mejillones
- Doctor, no se haga el tonto. Creo que usted conoce muy bien la diferencia.
A punto de llevarse media concha del bivalvo a la boca, se detuvo y volvió a dejarla en la fuente.
- ¿Qué está haciendo aquí, comisario?
By Cadena SEROcho voces en una historia de Luis Soler que cuenta la investigación de un policía que persigue hasta Mónaco a un médico, pensando que tiene algo que ver en la muerte de Marcos García. Un relato narrado por Jordi Odrí que empieza así;
La terraza de Café Tívoli, en Mónaco, es un lugar mucho más pequeño de lo que uno se pueda imaginar. Sobre todo si lo comparamos al tamaño de la fama que atesora el local. Al parecer, se necesita reserva para tomar algo de su exclusiva carta. Mucha exclusividad, lujo y precios impagables para la mayoría de los mortales. Quien va al Tívoli sabe a lo que va. Allí se habían citado dos personas; el policía Arturo Orfila y el médico Winston Juaneda.
- Buenos días Orfila. Me sorprendió que me llamara. No sabía que también Usted pasaba sus vacaciones aquí en Mónaco. Síentese hombre. ¿Le apetece algo?
- No gracias. Solo quería hacerle unas preguntas.
- ¿Está trabajando o de vacaciones?
- Digamos que tengo unas preguntas a formularle.
- Me tiene intrigado. Usted dirá.
Hizo un gesto al camarero y le señaló algo en la carta. El camarero asintió, cogió las cartas y se retiró.
- En enero pasado entró por Urgencias en el Hospital en el que usted trabaja un hombre que tenía dolores abdominales. ¿Lo recuerda?
- No. Solo con esa información, no.
- Se llamaba Marcos García. Unos 70 años, de cabello blanco y con una marca en la cara, como un lunar. Aquí (y señaló su pómulo izquierdo)
- Sí, eso ya me dice algo. Creo recordar a un tipo así. Un melanoma facial. Siento no poder dar mucha información. Primero porque es confidencial y, sobre todo, porque no recuerdo con mucho detalle a todos los pacientes de Urgencias. Sería distinto si fueran pacientes míos. En esos casos se derivan a quien corresponda en cada momento y luego, en la mayoría de los casos, deja de haber un seguimiento por parte de quienes hacen la guardia. ¿Por qué me está preguntado esto?
- Aquel hombre falleció.
- Vaya, cuánto lo siento. Pero, ¿qué tiene que ver conmigo?
- Es curioso. En principio nada, porque he seguido los registros en mi investigación y demuestran que usted apenas estuvo un momento con él. Luego hubo un cambio de guardia y, empezaron sus vacaciones. De eso hace varios meses.
- No sabía que hubiera fallecido. Y el motivo de que esté aún de vacaciones es porque he pedido una excedencia. Mi mujer y yo hemos decidido dar un giro a nuestras vidas.
El policía miró a su alrededor y añadió
- Y vaya vacaciones. Por todo lo alto.
En ese momento llegó el camarero y sirvió una bandeja de ostras frescas al médico que se dispuso la servilleta como babero.
- ¿Gusta Usted?
Arturo Orfila hizo una mueca de desagrado y contestó:
- No. Jonathan Swift hizo una reflexión sobre quienes se comen una ostra y lo suscribo.
- ¿Cómo dice?
- Las ostras son las depuradoras del mar. Limpian la suciedad, filtran el agua.
- Pensaba que eso lo hacían los mejillones
- Doctor, no se haga el tonto. Creo que usted conoce muy bien la diferencia.
A punto de llevarse media concha del bivalvo a la boca, se detuvo y volvió a dejarla en la fuente.
- ¿Qué está haciendo aquí, comisario?