Pintó el dolor de un continente con manos que nunca descansan. Pero esas mismas manos estrecharon a presidentes y dictadores. Entre la denuncia y el poder, la pregunta queda abierta: ¿se puede retratar la herida sin mancharse con ella?
Pintó el dolor de un continente con manos que nunca descansan. Pero esas mismas manos estrecharon a presidentes y dictadores. Entre la denuncia y el poder, la pregunta queda abierta: ¿se puede retratar la herida sin mancharse con ella?