José Antonio Caravaca, dentro de la sección Enigmas y Misterios, nos desvela la verdad de este asunto: ‘Las piedras de Ica al descubierto’.
Más allá de la fantasía de unos grabados que representaban hombres luchando contra dinosaurios en una encarnizada guerra, el Dr. Javier Cabrera Darquea cayó presa de sus propios monstruos interiores. Fue víctima de una imaginación desbordante, atiborrada de heterodoxas teorías, libros de ciencia, pasión por la arqueología, delirios de grandeza, que encontró en las modestas piedras la forma perfecta de manifestarse. Creyó a pies juntillas, como un acto de fe inquebrantable, que aquellas rocas labradas pertenecían a una civilización desconocida. No tenía ni la menor duda que sus traducciones eran ciertas y que había descubierto el trascendental mensaje de una humanidad antediluviana. Nunca puso en cuarentena nada. Tenía una voluntad de hierro y jamás dio su brazo a torcer. Nunca aceptó consejos ni reproches a su labor. Disfrazó sus disparatadas ideas con una terminología científica y un vocabulario rutilante, que convirtió en su perpetuo discurso de defensa de las rocas, todo para enmascarar un descomunal despropósito que escapaba de cualquier atisbo de sensatez. El Dr. Cabrera sacrificó su vida personal y profesional a una cruzada sin razón. Murió pensando que su descubrimiento algún día sería reconocido por las autoridades de su país y que su apellido se perpetuaría en los libros académicos. Lamentablemente y muy a nuestro pesar, ese día nunca llegará…
Dirige y presenta: Javier Belmar