Se explica que, en teléfonos modernos, las apps en segundo plano suelen quedarse en pausa y no gastan procesador ni batería de forma significativa; cerrarlas manualmente y volverlas a abrir puede consumir más energía. Sin embargo, las aplicaciones mal programadas o que usan GPS, Bluetooth, micrófono o cámara sí pueden consumir batería aunque estén en segundo plano.
Se dan consejos prácticos: limitar la actualización en segundo plano, mantener abiertas las apps que usas todo el día, configurar la ubicación para «solo mientras se usa la app», usar brillo automático y apagar Wi‑Fi o Bluetooth cuando no se necesiten.