“A diferencia de la mayoría de los mamíferos, las aves no tienen glándulas sudoríparas, por lo cual no tienen la posibilidad de disipar los excesos de temperaturas mediante la sudoración”, explicó el veterinario Pablo Barbano del INTA Luján. De allí, la importancia de adaptar el manejo de los animales en un contexto de temperaturas ambientales mayores a los 36°C. Sobre eso también dialogó con Palabra de Campo el comunicador del INTA, Pedro Ibáñez.
Es que, de acuerdo con el especialista, “con altas temperaturas, disminuye el consumo voluntario de alimento, cae la conversión alimenticia y la producción de huevos en etapa de postura”. En este sentido, Barbano puntualizó que “temperaturas ambientales mayores a los 36°C disminuyen en un 5 % la postura diaria por bajo consumo, lo que también perjudica la calidad y el peso del huevo”.