Por sus beneficios nutricionales, en el mundo se consume una gran variedad de insectos. En la Argentina, diversas instituciones trabajan para que la legislación alimentaria los incluya. Mientras tanto elaboran barritas de cereal, muffins y pastas con altos contenidos proteicos.
Por: Sebastián M. Tamashiro
(SLT-FAUBA) Más de 2000 especies de insectos sirven de alimento a personas de todo el mundo. En los últimos años, la FAO y la Unión Europea promovieron la inclusión de insectos en las dietas por sus beneficios nutricionales, socioeconómicos y ambientales. En la Argentina, diferentes universidades, el INTA y el INTI investigan la producción de grillos para consumo humano y señalan que representa una gran oportunidad para la industria alimentaria. Los productos comestibles a base de insectos se aprobaron para alimentar ganado y ya hacen fila como fuente de proteínas para humanos en forma de pan, barras de cereal y pastas.
“El consumo de insectos y sus derivados se denomina entomofagia y se practica en todo el mundo desde hace décadas. En los últimos años, la investigación en el tema avanzó mucho. En el 2013, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, más conocida como la FAO, señaló que el consumo de insectos puede contribuir a la seguridad alimentaria y al ambiente”, explicó Julieta Di Meglio, egresada del Máster Internacional en Tecnología de Alimentos —MITA, de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) y de la Universidad de Parma, Italia—. En su tesis abordó el caso del grillo Gryllus assimilis.
“Tanto el consumo como la producción de grillo tienen características atractivas. Poseen un contenido de proteína cercano al 60% —los cereales tienen alrededor de un 15%— y también aminoácidos esenciales, vitaminas, minerales y ácidos grasos. Son muy versátiles. Se pueden procesar e incorporar como polvo en distintos productos como barras de cereal, panificados y fideos, para mejorar sus propiedades nutricionales”, resaltó.
Por el lado de su cría y reproducción, se pueden alimentar de diversos sustratos y prácticamente transforman todo lo que consumen en biomasa. “Crecen muy rápido, ocupan poco espacio, consumen poca agua y alimento, y emiten muy escasos gases de efecto invernadero”, destacó Gabriela Gallardo, directora del trabajo de Di Meglio e investigadora en el Instituto de Tecnología de Alimentos del INTA, quien participó en la elaboración del Informe ‘Producción de insectos para el consumo humano’ de la Red de Seguridad Alimentaria del CONICET.