Lo que menos necesita la sociedad y este país NO son abogados litigantes. Es hora del abogado que sepa negociar, que sepa fomentar acuerdo, que sirva de vehículo entre las partes para llegar a soluciones, y no necesariamente al pleito, a la judicialización. Por lo que no es menos cierto, que, si se favorece solo a una parte, la otra corre el riesgo de pérdida, desatando una cadena de consecuencias.