Mateo 8:1-17
Reina Valera 1960
1Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente.
2Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.
3Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció.
4Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino ve, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés, para testimonio a ellos.
5Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole,
6y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado.
7Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré.
8Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente dí la palabra, y mi criado sanará.
9Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.
10Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe.
11Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos;
12mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.
13Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora.
14Vino Jesús a casa de Pedro, y vio a la suegra de éste postrada en cama, con fiebre.
15Y tocó su mano, y la fiebre la dejó; y ella se levantó, y les servía.
16Y cuando llegó la noche, trajeron a él muchos endemoniados; y con la palabra echó fuera a los demonios, y sanó a todos los enfermos;
17para que se cumpliese lo dicho por el profeta Isaías, cuando dijo: El mismo tomó nuestras enfermedades, y llevó nuestras dolencias.