Cuando cambias el foco, todo cambia. Cuando dejas de preguntarte "¿por qué me pasa esto?" y empiezas a declarar "Dios, ¿quién eres Tú?", tu perspectiva se alinea.
No puedes caminar con Jesús y cargar con el equipaje del ayer. No puedes pedirle dirección a Dios para tu futuro si le estás escondiendo el desorden de tu presente.
Solo la Palabra de Dios, en nuestro corazón y en nuestra mente, puede corregirnos, limpiarnos, guardamos de pecado, y facultarnos para enfrentar los desafíos de la vida.