Parece que su significado está claro a simple vista, ¿no? Pero cuando se analiza con detenimiento aparecen lecturas algo retorcidas. Más allá de su sentido literal o figurativo, ¿quién decide cuáles son las actitudes premiadas por Dios, y con qué objetivos? ¿Dios es un coach que nos quiere alejar de los placeres de estar en el lecho un tiempito más? Y el contra-refrán, “no por mucho madrugar se amanece más temprano”, ¿es una especie de redención para aquellos que nos cuesta salir de la cama a primeras horas de la madrugada?