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Tener padres que escuchen más a sus hijos es un gran regalo para ellos y un legado al menos para las siguientes dos generaciones.
Qué hacer cuando los hijos comienzan a entonar la irritante frase de “estoy aburrido” y que repetirán durante muchos años si no ponemos remedio.
Descripción: Más allá de cómo halar de dinero con los pequeños, llega el momento en que hay que dárselo y dejar que ellos tomen la decisión de usarlo con responsabilidad.
Los padres se alegran por todo lo bueno que alcanza su hijo, sean logros materiales o intelectuales. Y por ninguna cualidad se alegran más que por la sabiduría que demuestre tener, porque la sabiduría allana el camino del éxito.
Haz lo que sea correcto, pórtate bien y regresa tempano son entre otras las recomendaciones de la mayoría de los padres cuando los hijos salen a sus citas. San Pablo diría: “Sé un ejemplo para todos (los creyentes) en lo que dices, en la forma en que vives, en tu amor, tu fe y tu pureza”.
Un padre está llamado a consagrarse para el servicio de la vocación paternal, es un apostolado que empieza en casa y a Dios le importa demasiado nuestra repuesta a vivir esta misión.
Un hombre con el alma generosa, un espíritu sencillo y una actitud cortés lo convierte en un hombre valiente y anhelado para seguir construyendo familia.
La felicidad de un padre está directamente relacionada con la de los hijos. Si nos sentimos plenos, realizados y felices, podremos prestarles más atención, cuidados y tiempo de calidad que si nos sentimos agotados, desbordados y tristes.
Si papá aun le compra juguetes, videojuegos y mamá aun le prepara los alimentos y limpia la habitación para el hijo que ha pasado los 25 años es probable que tenga un “Peter pan” en su casa y, no un hombre que se está preparando para enfrentar el futuro, con todo el compromiso y responsabilidad que eso implica.
El que los hijos no puedan controlar sus impulsos, deseos y emociones es algo que a los padres les cuesta comprender. Advertir los riesgos y peligros es propio de un adulto, pero no de un niño, de un adolecente o, de un joven. Por ello los padres debemos ayudarles a nuestros hijos desarrollar hábitos, pues somos el resultado de lo que hacemos repetidamente.
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