¿Alguna vez has recibido una llamada que hizo que el corazón te latiera más rápido?
Hace algunos años, una mujer recibió una llamada del médico. Le dijeron que necesitaban repetir unos estudios porque habían encontrado algo que no les parecía normal. No le dieron más detalles.
Durante los siguientes tres días, su mente comenzó a construir escenarios que nunca habían ocurrido. Imaginó diagnósticos, despedidas, tratamientos y el peor desenlace posible.
Cuando finalmente llegó la consulta, el médico le dijo:
—“Todo está bien. Fue una imagen poco clara. No hay nada de qué preocuparse.”
Ella salió llorando.
Pero no lloraba por la noticia.
Lloraba porque entendió que había sufrido durante tres días por algo que nunca sucedió.
Y esa es una de las estrategias favoritas del enemigo: hacernos vivir prisioneros de un futuro que solo existe en nuestra imaginación.
El miedo no siempre llega con hechos.
Muchas veces llega con posibilidades.
Hoy quiero hablarte precisamente de eso.
Porque todos conocemos el miedo.
Pero la pregunta no es si alguna vez sentiremos miedo.
La verdadera pregunta es:
¿Qué hacemos cuando el miedo llega?
David nos responde en uno de los salmos más honestos de toda la Escritura.
Salmo 56:3-4
“En el día que temo, yo en ti confío. En Dios alabaré su palabra; en Dios he confiado; no temeré. ¿Qué puede hacerme el hombre?” (RVR1960)
David escribió este salmo en uno de los momentos más oscuros de su vida
Cuando leemos el Salmo 56 podríamos pensar que David estaba escribiendo desde la comodidad de un palacio.
Pero no.
Este salmo fue escrito cuando los filisteos lo habían capturado en Gat.
Es interesante recordar el contexto.
Ese era precisamente el pueblo donde había nacido Goliat.
David estaba rodeado por los enemigos que habían querido verlo muerto durante años.
Había huido de Saúl.
No tenía ejército.
No tenía seguridad.
No tenía respuestas.
Y humanamente tenía todas las razones para sentir miedo.
Sin embargo, escribe una de las declaraciones más poderosas de toda la Biblia.
“No dice:
“Nunca tengo miedo.”
Dice:
“En el día que temo…”
Eso cambia completamente nuestra perspectiva.