¿Cuánto daño nos puede hacer si creemos, o incluso enseñamos, que algunas historias de la Biblia son solo mitos? No nos dejemos engañar: Dios no miente. Jesucristo no es un mito: es nuestro salvador real.
La ingratitud es la madre de toda amargura: nos ciega y nos encierra en nuestro mundo mezquino. Por su parte, la gratitud a Dios nos da la oportunidad de recibir de él las más altas bendiciones.