Tú y yo no estuvimos allí el día en que Jesús murió. No vimos a Jesús el día en que ascendió al cielo. No estuvimos allí el día en que el Espíritu Santo descendió en una ráfaga de viento del cielo. ¡Pero hemos creído en todas estas cosas como verdaderas! Creemos por el testimonio de muchos creyentes valientes que fueron empoderados por el Espíritu Santo y que contaron los relatos de Jesús a través de muchas generaciones.