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A nuestro programa han llegado varias cartas que teníamos que leer sí o sí. Por eso recuperamos La sección de Edu, para darles la categoría que se merecen (??). Alabamos los pestiños de Vélez y nos metemos un poco con Jaén. Pero muy poco, casi nada. No hay tanta confianza como con Vélez. Cerramos la temporada con dos científicos que vienen a demostrar empíricamente algo que ya sabíamos: están todos locos. Nos dan de comer y cantan, ¿qué más podríamos pedir?
Mira fijamente a tu mascota a los ojos y piensa qué elemento de la tabla periódica le pegaría como nombre. Pues a eso nos hemos dedicado en este programa. Edu y Christian serían el Osmio. Y, como son dos, pues diosmio. Ese ha dolido. Perdón, lo siento mucho, no volverá a ocurrir. O sí, porque Juanca, el emérito, hace una aparición estelar. Que tiene mérito. Venga, hasta luego, dale al play.
Contra todo pronóstico, las IA no podrían hacer nuestro programa porque no son capaces de replicar esos juegos de palabras que Christian acostumbra a hacer. ¡¡Y eso es bueno, ¿vale?!! En este podcast también aprendemos lo que sería "hacer un Xokas" y acabamos descubriendo que hay familias que no se pueden permitir un deal. Sea lo que sea. Pero de esa familia no nos vamos a reír mucho porque nos da MIEDO.
Mira, no os vamos a engañar: este episodio es un caos. Que sí, igual que todos, lo sabemos. Pero no. Este es todavía peor. Porque a los dos descerebrados de siempre se le han juntado otros dos aún más peculiares. Y pasa lo que pasa. Encima, se convierten en genios del marketing y su sección deriva en todo tipo de publicidad hacia su propio podcast. En fin: ciencia. O casi.
Todo apuntaba a que el primer pecado capital que íbamos a cometer sería la lujuria, pero no: ha sido la pereza. Y es que después de tanto y tanto improvisar, nos hemos cansado un poco y le hemos dejado esa tarea a otro. Aunque algo de lujuria puede que también haya en este programa. O, al menos, un beso inesperado que, si bien no es de película, ocurre en la sección de cine. Paralelismo ilustrado, rapeado y besado. Desde Florida con amor.
Ojo al debate inicial, que no se convierta en un punto del orden del día de la próxima asamblea de la ONU. Porque si algo se ha estado haciendo mal toda la vida, aquí estamos nosotros para decirlo. Hombre, ya. Para aliviar tensiones, entramos en contacto con fuerzas tecnológicas que no conocemos y acabamos con un pique para conseguir el amor de un robot. Sí, somos más lelos que para, pero si has tardado 28 programas en darte cuenta, a lo mejor es que tú también. Besis.
Tenemos a las octogenarias enfadadas y desde aquí les pedimos perdón y les decimos que nunca más volveremos a llamarlas octogenarias. O, al menos, nunca más después de llamarlas octogenarias en este resumen del programa. También hablamos de cosas de Edu que le molestan a Christian y acabamos firmando un curioso tratado de paz. Lo normal.
Este podcast es mejor que no lo escuchéis. En serio. No lo hagáis. O, por lo menos, no lleguéis hasta la sección final. En nuestra defensa diremos que estábamos bajo los efectos del "Yo nunca" al que jugamos al inicio. Que quién nos mandaría. Pero claro: igual que a Edu, quién le mandaría a hacer deporte. En definitiva: se han juntado todas las incoherencias en un mismo programa y el resultado es una apoteósica sección musical en la que dejamos sorda a nuestra propia dignidad. ¡A vuestra salud [auditiva]!
Paralelos ha vuelto, pero no al 100%. En el camino hemos perdido un ordenador y una calabaza. Y qué calabaza. Casi tan épica como algunos de los comentarios que hemos encontrado por redes acerca de objetos un tanto random. Aunque para random, el libro (que no vamos a leer, que sepamos). También hablamos de un restaurante de Madrid que queríamos que fuera secreto pero ya habíamos gastado la inteligencia de ese día. Para acabar, Pablo nos habla de series que volvieron mal. Y para volver mal, es mejor no volver. Como nosotros, que volvemos sin equipo. Pero bien.
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