Mosheh le dice al pueblo que tiene ante sí la bendición si escuchan los mandamientos de El Eterno, y la maldición si no los escuchan. Las bendiciones deberán ser pronunciadas sobre el monte Gerizim y las maldiciones sobre el monte Eval. Nuevamente exhorta a cumplir todos los mandamientos. Deberán ser destruidos los lugares de adoración de las demás naciones; por el contrario, el lugar que El Eterno designe para poner Su Nombre, deberá ser en el cual se reúna el pueblo. Allí serán llevados los holocaustos, ofrendas y diezmos, y se comerá allí, y todos se alegrarán delante de El Eterno; pero cada uno no hará lo que le parece. No se podrá ofrecer holocausto en cualquier lugar que el pueblo viere, sino en el que sea designado por El Eterno.