La cuarta aliyá de Parashat Terumá (Shemot 26:15–30) describe la construcción de las tablas (kerashim) del Mishkán y su sistema de bases y barras de unión. A primera vista, el pasaje parece meramente arquitectónico; sin embargo, la minuciosidad del diseño revela una enseñanza de estabilidad. Cada tabla debía colocarse sobre basas de plata y asegurarse mediante barras que atravesaban la estructura (Éx 26:19, 26–28). La santidad no se sostiene sobre improvisación, sino sobre orden deliberado. La precisión estructural manifiesta que el resplandor de Elohim reposa donde existe fundamento sólido.
Rashi comenta sobre Shemot 26:15 que las tablas estaban colocadas “de pie”, simbolizando dignidad y firmeza. El Midrash (Shemot Rabá 35:6) relaciona las basas de plata con los medios siclos aportados por Israel (Éx 30:11–16), sugiriendo que la estructura del Santuario se asentaba sobre la participación colectiva del pueblo. Así, la estabilidad no es solo técnica, sino comunitaria: la presencia de Hakadosh BarujHu descansa sobre la fidelidad compartida.